La carretera de la muerte


Hay un lugar en el mundo donde las piedras gritan y el polvo del camino es más oscuro, como ceniza. Huele a piel quemada. Allí la hierba ya no es verde, sino roja de tanta sangre como se derramó. Cada piedra tiene un nombre escrito y una historia, allí la tierra está literalmente sembrada de seres humanos. Cada huella de este camino se regó con las lágrimas de miles de personas. Las gargantas y los ojos se secaron. Los árboles cayeron de dolor. El miedo y el horror entra por cada uno de los poros de la piel. Un camino que dejó de serlo para convertirse en un cementerio sin lápidas, sin inscripciones y sin nada. Sólo terror y desolación. Se siente a cada paso que das, te envuelve y te estremece. No puedes evitar que un escalofrío te recorra todo el cuerpo. Un camino rojo, muy rojo, tanto como la sangre de las personas que allí murieron, como la ciudad de donde huían: Málaga "la roja". En febrero de 1.937, hace exactamente 70 años, en un panorama caótico por el que atravesaba España, sumida en plena guerra civil y azotada por la miseria y el hambre, ocurrió uno de los episodios más espeluznantes que "el hombre" puede protagonizar. Un golpe militar dividió al país en dos: en opresores y oprimidos. Desencadenó la lenta agonía de todo un pueblo y la lucha para los que no se querían doblegar ante el yugo de un dictador. Nacionales y republicanos. Grises y rojos. Las armas y los cañones se alzaron contra las azadas y las hoces. Franco se alía con dos países, entonces dominados también por dos tiranos: Italia y Alemania. Cuando los franquistas van ocupando poco a poco todas las provincias, Málaga era una de las que más resistencia oponía y una vez que entraron en la ciudad, los ciudadanos emprenden una huida, protagonizando un éxodo masivo sin precedentes que se conoció como "la espantá". Málaga entera sale despavorida huyendo con sus pocas pertenencias hacia la ciudad más próxima que estaba a 200 Km: Almería. Más de 150.000 malagueños emprenden esta marcha por una carretera que bordea por un lado la costa con grandes acantilados y por otro una prominente colina. Las familias van a pie en su mayoría, mujeres, ancianos, niños y los maltraidos milicianos que defendieron su libertad. Esa carretera se convirtió en una trampa cruel y mortal. El peregrinar de niños con los pies ensangrentados haciendo muchos kilómetros sin descanso y sin nada que comer. La extenuación y el agotamiento de las personas mayores que desfallecían sin poder continuar... Se escuchaban los estruendos de los cañones de artillería que los disparaban contra un blanco fácil desde los barcos, los vuelos rasantes de los aviones trimotores que los ametrallaban, las baterías de tierra que los seguían por detrás.. Un panorama dantesco, donde los cadáveres se amontonaban en el camino, mutilados y cuerpos desmembrados por todas partes. Las personas ancianas no podían continuar y esperaban que les llegara la muerte, las madres con sus niños muertos sin querer abandonarlos, la locura, las explosiones y el olor de la pólvora, los gritos de dolor, la sangre lo bañaba todo. Una carretera que se convirtió en el símbolo del sufrimiento de un pueblo. Los franquistas se ensañaron con los desvalidos y con los débiles. El camino se tiñó de rojo, sin vida, sólo el hedor a cadáveres y los charcos de sangre de miles de personas que sembraron la tierra con sus huesos. Una masacre que acabó con la vida de muchos malagueños en la carretera de Almería, la carretera de la muerte. Apenas 10.000 personas pudieron llegar a su destino. Un camino que se sembró de muerte y dolor de familias enteras, un camino cubierto con la sangre y las lágrimas de miles de personas inocentes. Málaga no lo olvida. Málaga nunca más.


No hay comentarios: